Tanto la obra pública como la privada se encuentran detenidas; proyectos de plazas comerciales quedan inconclusos y las plantillas de trabajadores se reducen drásticamente hasta en un 90%.
CULIACÁN, SINALOA.– El recrudecimiento de la violencia en la capital sinaloense ha asestado un golpe demoledor a uno de los principales motores económicos de la región: el sector de la construcción. Tanto la obra pública como la privada enfrentan una parálisis sin precedentes que mantiene congeladas las inversiones y ha dejado decenas de proyectos en el olvido.
La arquitecta Claudia López Chiquete advirtió sobre la crítica situación que atraviesa el gremio, señalando que el dinamismo que caracterizaba a Culiacán —particularmente reflejado en un "boom" de plazas comerciales impulsado por el pujante comercio local— se ha frenado drásticamente, dejando numerosas estructuras totalmente inconclusas.
"El sector de la construcción es el termómetro directo de la economía. Si la construcción se detiene, la economía se congela. De tener una plantilla laboral de planta de 30 albañiles, hoy la realidad nos ha forzado a reducirnos a únicamente 3 trabajadores", detalló López Chiquete de manera contundente al exponer la gravedad del escenario actual.
La problemática trasciende las pérdidas empresariales y se convierte en una crisis social de carácter urgente. Los obreros y trabajadores de la construcción, quienes mayoritariamente perciben ingresos al día, son los más vulnerables ante la falta de proyectos y contratos.
Para sobrevivir al impacto, arquitectos y constructores locales han tenido que recurrir a la resiliencia y la creatividad. Ante la nula demanda de diseños arquitectónicos o desarrollos de fraccionamientos nuevos, la estrategia de emergencia consiste en el autoempleo y la búsqueda activa de antiguos clientes para ofrecer servicios menores de mantenimiento, reparaciones y remodelaciones, logrando así rescatar el empleo de su personal más cercano.
Humberto Ramírez
