Culiacán, Sinaloa. Su hoja de servicio está limpia, inmaculada, en 23 años de servicio; pero el trabajo del policía así es: te despides de tu esposa y de tus hijos en la mañana y no sabes si vas a regresar con vida para abrazarlos de nuevo en la tarde o noche.
La raya de la muerte estaba pintada para Benjamín, 46 años, no más. Este viernes fue asesinado junto con otras dos personas cuando se encontraba dentro de un restaurante en el sector Monte Bello. Una mujer está entre las víctimas.
La noticia del asesinato del agente municipal corrió como reguero de pólvora en la ciudad. Alicia, su esposa, se quedó esperando su regreso a casa. Ya no podrá verlo siquiera en la corporación donde también ella trabaja.
Quién sabe cuáles fueron los motivos de este triple crimen. La Fiscalía los investiga, pero hasta este sábado no ha dicho nada. Son pocas las interrogantes, pero su familia y amigos merecen respuestas.
Apenas el 31 de octubre Benjamín había dejado el puesto de subdirector de la Policía Municipal de Culiacán y había solicitado un permiso apenas el pasado lunes 18 para descansar unos días antes de viajar en grupo a la Ciudad de México para los exámenes de control y confianza a que todo policía debe someterse.
El grupo tendrá que viajar el próximo domingo incompleto; les faltará uno. O dos. El pasado lunes otro policía de la corporación, Ramón Alberto, fue privado de la libertad en la sindicatura de Quilá y dos días después encontrado sin vida, también asesinado. Dos policías de Culiacán caídos en menos de una semana.
Este sábado, los restos de Benjamín yacen dentro del féretro. Su familia y sus amigos lo acompañan en la funeraria Emaús antes de darle cristiana sepultura. Esperan justicia.
Descanse en paz Benjamín Villarreal Guerrero, agente activo de la Policía Municipal de Culiacán.
Redacción
