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Le dan el último adiós a Emmanuelito en su escuela Pemex Destacado

Escrito por  Enrique Rodríguez Abr 01, 2019

Compañeros y maestros le lloran tras su repentina partida.

Culiacán, Sinaloa.

¡Emmanuel Ramírez Quevedo!... ¡Presente!

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¡Emmanuel Ramírez Quevedo!... ¡Presente!

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El de este lunes fue un homenaje muy especial en la escuela primaria Pemex. Fuera de lo habitual. La inmensa mayoría de los alumnos llegó con su globo blanco en la mano. No, no era una fiesta.

En esta ocasión la hora de entrada fue anunciada a las 7:30 de la mañana, pero de preferencia si podían llegar desde las 7:00, mejor. Todos debían estar, principalmente los alumnos de cuarto año.

Una valla de estudiantes se colocó en el acceso a la escuela por la parte interior. Había que recibir como un héroe a Emmanuelito, luego de su lucha por tres días consecutivos contra la muerte, esa a la que no pudo vencer luego de que fuera atropellado por un conductor irresponsable el pasado miércoles por la noche cuando regresaba de la tienda de la mano de su abuelo.

Tan pronto se asomó el ataúd de color gris, las caras largas y tristes empezaron a estallar en llanto, un llanto contenido desde el pasado sábado cuando supieron que Emmanuelito ya no aguantó la enésima operación que en el Hospital Pediátrico le practicaron en un intento por salvarle la vida.

A paso lento el cortejo mortuorio se encaminó hacia la cabecera de la techumbre de la cancha de usos múltiples.

Alrededor alumnos, maestros y padres y madres de familia miraban con tristeza los detalles del escenario a cada segundo que transcurría. A los lados la directora Anna Elsa dispuso que fueran sus compañeritos de cuarto año los que montaran la guardia de honor.

Unos guantes de box, un pequeño ramo de flores y una rosa blanca fueron colocados sobre el cristal del féretro, por donde uno a uno sus compañeritos pasaron en carrusel para verlo por última vez y despedirse de él. Unos globos de colores verde, blanco, plateado y rojo ondeaban amenazantes sobre el ataúd del pequeño de apenas 9 años de edad.

A los pies, una cuatrimoto de niño que en Navidad le había regalado su tío de Estados Unidos a cambio de que se aprendiera las tablas de multiplicar, ya jamás sería conducida por él.

Un minuto de aplausos para Emmanuelito hizo que el de por sí ya tenso ambiente se sintiera más pesado. Los nudos en la garganta se convertían en sollozos y luego en llanto.

“Yo he sido maestra de Emmanuel desde primer año. Sólo el año pasado se lo presté a otra maestra… y ahora ya te tengo de otra vez aquí…”, dijo la profesora Lupita de cuarto año para luego echar a llorar.

El momento más sensible estaba por llegar. La profesora realizó el pase de lista, el último ante la presencia de Emmanuel.

¡Emmanuel Ramírez Quevedo!... ¡Presente!

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Se escuchó tres veces en la voz de la maestra y sus alumnos.

“Yo les prometí que les iba a traer a Emmanuel y cumplí. Aquí lo tienen. A la persona que atropelló a mi hijo yo no puedo perdonar... que la perdone Dios. Mi hijo quería vivir, luchó con todo, pero su corazoncito le falló”, expresó la señora Érika Quevedo, mamá de Emmanuel, en todo momento acompañada por su esposo Jesús Manuel.

Luego, uno a uno los globos blancos fueron soltados de las manos de los alumnos para alzarse sobre el firmamento queriendo alcanzar el cielo.

Después, la despedida. Otra vez la valla, pero ahora para decirle adiós a Emmanuel, quien seguro en todo momento estuvo viendo desde el cielo todo el amor y todo el cariño de sus amiguitos, maestros y familiares que lo recordarán siempre.

Enrique Rodríguez

 

Modificado por última vez en Lunes, 01 Abril 2019 11:33