Ciudad de México, a lunes 7 de julio de 2025.- México tiene, otra vez, un partido hegemónico.
Las elecciones de jueces y magistrados celebradas el 1 de junio terminaron de atestiguar algo que, desde 2018, se comenta cada vez más: el Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, controla todo.
El partido fundado por Andrés Manuel López Obrador, AMLO, tiene la presidencia con Claudia Sheinbaum, controla el Congreso con mayorías absolutas en ambas cámaras, tiene 24 de las 32 gobernaciones y, ahora también, domina la Justicia, tras unas elecciones en las que participó solo un 13% del electorado, o lo que muchos ven como la mera militancia partidista del oficialismo.
A esto se añade una serie de leyes de telecomunicaciones y seguridad aprobadas esta semana que dan al Estado amplios poderes de acceso a sistemas públicos y privados de comunicación y financieros.
Mucho de esto suena familiar para muchos mexicanos: la última vez que un movimiento tuvo semejante poder fue el Partido Revolucionario Institucional, el PRI, que de distintas maneras gobernó al país entre 1917 y 2000 bajo los principios de la Revolución Mexicana (1910-1917).
Por eso es que la expresión "partido hegemónico" es de fácil recordación en México, y para muchos, más que una descripción, es una alusión despectiva a las facetas autoritarias, corruptas y clientelares del partido famosamente calificado por Mario Vargas Llosa como "la dictadura perfecta".
Los líderes y simpatizantes de Morena, sin embargo, no aceptan esta comparación, en parte porque el PRI aún existe, y es pieza de una cada vez más débil oposición; y en parte, también, porque contrario a "autoritarios" se ven a sí mismos como un "movimiento popular humanista".
Uno que, en efecto, goza de enorme aceptación entre los mexicanos, como se demostró en las elecciones de 2024, cuando Sheinbaum le ganó por 30 puntos porcentuales a su contrincante; y como se demuestra todavía, con ese 80% de apoyo que registra la presidenta en las encuestas y la hace una de las mandatarias más populares del mundo.
"No hay nada que se parezca de Morena a aquello", dijo Sheinbaum en mayo. "Porque el PRI era un partido corporativo; las organizaciones obreras, empresariales, campesinas participaban en el partido de Estado; y en este caso no, Morena tiene una afiliación individual".
Luego agregó: "De todas maneras, es importante decir que no caigamos en una historia que no fue buena".
En esa declaración, la presidenta hablaba en el contexto de una carta que le envió a la dirigencia de Morena, la cual fue interpretada como un llamado de atención ante la posibilidad de que Morena se parezca al PRI.
En ella, Sheinbaum pidió evitar "el partido de Estado, nuestro partido debe fortalecerse sin caer en corporativismos"; exigió "garantizar la austeridad republicana y la cercanía con el pueblo"; y dijo que "no puede haber colusión con la delincuencia, ni organizada ni de cuello blanco".
Tres facetas, entre otras, que muchos adjudican al PRI. Y que, al parecer, Sheinbaum advierte ante el cada día más poderoso movimiento que lidera.
¿Qué tanto, entonces, se parecen, y cuánto se diferencian?
Diferencias de fondo
Como en toda comparación, vale pena partir de los elementos estructuralmente diferentes: el PRI gobernó por más de 70 años, mientras que Morena lleva apenas 7 en el poder.
Luego está el contexto internacional: el gobierno del PRI, con una política económica principalmente proteccionista, estuvo marcado por la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, mientras que Morena, al menos hasta ahora, se proyecta al mundo desde la estrecha integración económica con Norteamérica.
México, además, es un país muy distinto: hoy tiene 130 millones de habitantes, cifras de pobreza del 35% y analfabetismo del 4%; hace 100 años, en cambio, la población era una décima parte de eso, la pobreza rondaba el 80% y la mitad de la población no sabía leer ni escribir.
Pero, además, lo que hoy se conoce como PRI es en realidad tres cosas: el Partido Nacional Revolucionario, fundado en 1929, el Partido de la Revolución Mexicana, de 1938, y el PRI, que surgió en 1946.
Y aunque entre ellos son distintos, en general el PRI se puede definir como un movimiento basado en el nacionalismo y la justicia social que se convirtió en un sistema político con características concretas: presencia de muchas corrientes, prohibición de la reelección, poco o nulo espacio para la oposición y una aceitada red clientelar, a veces vinculada al crimen organizado, a lo largo del país.
Todo esto les suena a muchos como una descripción, al menos general, del actual partido de gobierno. Pero vamos por partes.
El talante democrático
Otro de los principios que parecen igualar al PRI y a Morena es, en palabras de Camarena, "la manía de hacer de la cita electoral un factor de legitimación absoluto".
"El PRI solía escudarse en la puntualidad con que ocurrían las elecciones para negar que eran una dictadura. Había una fachada democrática en la convocatoria a las urnas, pero luego sucedía que ganaban solo ellos", sostiene.
La presidenta Sheinbaum usó las recientes elecciones de jueces —con participación del 13%, nula presencia de la oposición e impugnadas por casi 200 supuestas irregularidades— como evidencia de que "México es el país más democrático del mundo".
Para Lisandro Devoto, doctor en ciencia política, cuando se trata del talante democrático, una diferencia sustancial es que Morena surgió dentro del marco de la competencia, mientras que el PRI brota de la victoria en una guerra civil tras la Revolución.
"Morena, a diferencia del PRI, surge en un sistema de partidos competitivo, pero se hace grande en el momento menos competitivo de ese sistema", asegura.
"Es en el poder donde Morena se empieza a parecer al PRI —añade—, porque coincide con una crisis en la oposición que deja un vacío y le da suelo fértil para captar y cooptar espacios convirtiéndose en una coalición que lo abraza a todo".. (BBC MUNDO).
