De acuerdo con el reporte emitido por el Estado Mayor Conjunto surcoreano, la primera incursión misilística se registró a las 15:00 horas desde la región norteña de Wonsan, alcanzando un trayecto de 450 kilómetros. Casi tres horas más tarde, las radares militares detectaron un segundo lanzamiento de corto alcance desde el mismo punto de partida, el cual superó los 600 kilómetros de vuelo.
Respuesta y condena regional
La respuesta gubernamental no se hizo esperar. La Oficina de Seguridad Nacional convocó a una sesión urgente para analizar el nivel de amenaza, mientras Seúl exigió a Kim Jong-un detener de forma inmediata estas maniobras que catalogó como violaciones directas a las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
En paralelo, Tokio elevó una protesta formal a través de su Ministerio de Exteriores, advirtiendo que la escalada armamentística pone en riesgo latente la estabilidad de toda la región asiática. Las administraciones de Seúl, Washington y Tokio mantuvieron un canal activo de intercambio de inteligencia durante toda la jornada para monitorear el alcance de los proyectiles.
Escalada nuclear
Esta nueva prueba armamentística llega apenas un día después de que el gobierno norcoreano rechazara abiertamente un dictamen del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) enfocado en frenar su desarrollo atómico.
El lanzamiento dominical ocurre además una semana después de que Pyongyang disparara otra batería de misiles en protesta por los ejercicios militares conjuntos realizados por las fuerzas surcoreanas, estadounidenses y japonesas. Con un arsenal que distintas agencias calculan entre 57 y 120 ojivas nucleares —y que el país blindó constitucionalmente en 2023—, la región mantiene un delicado equilibrio de seguridad
