El Super Bowl LX no es una consecuencia natural, es una depuración. Llegar implica haber resistido más de lo que se presume, haber fallado menos de lo que se tolera.
Nueva Inglaterra está ahí otra vez y no por inercia histórica. Está porque entendió antes que otros que la liga no premia el brillo constante sino la capacidad de sobrevivir a semanas incómodas. El 10-7 sobre Denver en la final de la AFC no fue un espectáculo, fue una declaración. Los Patriots regresaron al juego por el Vince Lombardi por 12va ocasión, nadie ha pisado tantas veces este escenario, y lo hacen desde un lugar que conocen bien el del equipo al que no se le cree del todo.
"¡Los Pats están de vuelta!", gritó Maye en la transmisión nacional, una frase que sirvió como desahogo tras 60 minutos de fútbol americano de la vieja escuela.
Las líneas de apuesta los coloca como underdog por 3.5 puntos contra los Seahawks que este domingo vencieron 31-27 en un dramático encuentro a los Carneros. Será la cuarta ocasión que Seattle dispute el gran domingo. Hasta ahora tiene marca de 1-2.
Por su parte el mariscal de los Sam Darnold jugó el partido más completo de su carrera en playoffs y llevó a los Seattle Seahawks al Super Bowl LX. Con tres pases de anotación, sin entregas de balón y sangre fría en los momentos límite, el quarterback encabezó la victoria 31-27 sobre los Los Angeles Rams en la Final de la Conferencia NFC, un duelo que se resolvió en detalles y una jugada defensiva definitiva.
(Excélsior).
