En el beisbol, alcanzar los mil hits suele ser un acto discreto: un sencillo al jardín derecho, un aplauso contenido, una pelota guardada. Pero Shohei Ohtani no nació para lo discreto. La tarde del miércoles en el Dodger Stadium, el pelotero japonés decidió que ese hito personal merecía un espectáculo en el juego ante los Cardenales. Lo hizo estrellando la pelota contra el cielo y recordándole al deporte que su caso no tiene actualmente comparación.
En la parte baja del tercer rollo, Ohtani se paró en el plato ante los envíos de Matthew Liberatore. Cuadrangular de dos carreras, el número 39 de la campaña. Hit número 1,000. Y además: ocho ponches desde la lomita.
Con ese batazo, Ohtani se convirtió en el tercer japonés en la historia de las Grandes Ligas en llegar a los 1,000 imparables. El primero fue Ichiro Suzuki, un artista del contacto que terminó con 3,089. Acaba de ser inducido al Salón de la Fama, el primer nipón que ingresa al recinto de los inmortales. Luego, Hideki Matsui, que sumó 1,253 con el poder como su firma personal. Ambos dejaron una marca profunda. Pero ninguno lo hizo mientras lanzaba a 98 millas por hora unas horas antes.
Esa es la diferencia con Ohtani: mientras uno lo compara, él sigue inventando categorías.
A pesar del esfuerzo con el bat y con el brazo de Shohei Ohtani, Dodgers fue derrotado 5-3 por Cardenales. La novena de San Luis vino de atrás en el octavo rollo para llevarse la serie que se disputó en Chavez Ravine. Jordan Walker pegó sencillo que Andy Pagés no pudo controlar en el central. Alec Burleson anotó al igual que Masyn Winn.
En la novena Cardinals timbró una más con doblete de Lars Nootbaar.
Dodgers descansa este jueves y a partir del viernes recibe a Blue Jays, el líder del Este de la Americana. (Excélsior).
