Ayer miércoles por la noche en el Wrigley Field, Shota Imanaga y sus compañeros del bullpen bordaron una obra maestra de precisión. En un dominante despliegue de poder monticular, el zurdo japonés de los Cubs de Chicago lanzó siete entradas sin hit ni carrera, antes de ceder el relevo a Nate Pearson y Porter Hodge, quienes al final del juego completaron el primer ‘no-hitter’ en el icónico estadio de los Cubs desde 1972.
Desde el primer inning, Imanaga dejó claro que no sería una noche fácil para los Piratas de Pittsburgh. Su bola mantuvo a los bateadores en constante desconcierto. El estadio de la Major League Baseball (MLB), lleno de historia fue testigo de cómo el nipón tejió su leyenda entre sus ladrillos centenarios. Los aficionados presentes comenzaron a darse cuenta de la magnitud del momento en la quinta entrada, cuando no había señales de vida en la ofensiva rival.
Con la pizarra claramente inclinada a su favor, Chicago no mostró piedad en el otro lado del campo. El ataque de los Cubs fue implacable, desatando una ofensiva que incluyó cuadrangulares de Seiya Suzuki y Cody Bellinger. Para cuando el séptimo episodio concluyó, la ventaja de 11-0 aseguraba que lo único en juego era la posibilidad de la inmortalidad.
Al salir para el octavo inning, David Ross, manager de los Cubs, decidió que la noche de Imanaga había terminado con 97 pitcheos y siete ponches. Nate Pearson tomó la batuta en el octavo, y Porter Hodge, en el noveno, fue el encargado de sellar el histórico triunfo en Wrigley Field.
