Londres, Inglaterra, a lunes 28 de julio de 2025.- Tres segundos fue el tiempo que transcurrió entre que sonaron las alarmas y se estrelló el misil lanzado por la organización terrorista Hezbolá, desde Líbano, a un campo de futbol en el que practicaban al menos 40 niños y adolescentes. El saldo: 12 muertos y otros 20 heridos.
Pasaban las 6 de la tarde de aquel 27 de julio de 2024 cuando las familias reunidas en las instalaciones deportivas de la aldea drusa Majdal Shams, en la Altos del Golán (al noreste de Israel, muy cerca de la frontera con Líbano y Siria), percibieron con miedo y angustia el ruido de las sirenas, la trayectoria del artefacto y el impacto. Todo ello en tan sólo unos instantes.
Los niños estaban aquí entrenando futbol, cuando oyeron y corrieron rumbo al refugio que justo acabábamos de recibirlo poco tiempo antes. Entre que oyeron el cohete y cayó, pasaron tres segundos”, así lo recordó a Excelsior, Hasan, miembro de la comunidad y testigo de ese momento.
La imagen que vino después fue dantesca: seis de los menores yacían junto a la reja perimetral del campo y a los restos del cohete, otros en el patio que conduce al búnker de seguridad, al cual no alcanzaron a ingresar y el resto, regados en el césped quemado de la cancha y los juegos junto a una velaria.
Tuvimos muchos heridos acá y de los heridos varios están en recuperación, pero el mayor problema es que deben recuperarse del shock y del susto, después del miedo y de lo que sucedió”, indicó Hasan, quien recibió en su silla de ruedas a un grupo de periodistas.
Mais Bathish es madre de Cain Bathish, de Masaada quien también sufrió heridas graves.
Le realizaron muchas cirugías y la próxima será dentro de un mes. No sólo sufrió lesiones físicas, sino también mentales”, dice.
Los pequeños, en tanto, se han vuelto a apropiar de la cancha, a practicar su deporte. El ruido que hacen al recibir indicaciones del entrenador, golpear el balón y pegar en la red se ahoga ante el silencio del nulo festejo porque en el campo faltan 12 jugadores, compañeros y amigos insustituibles. (Foto y texto Excélsior).