Empezamos con lo más difícil, lo del "rógito". Esta palabra tan extraña hace referencia a la semblanza que relata la vida y el ministerio del pontífice.
Se leerá después de la invocación inicial y el saludo del celebrante.
Posteriormente, se cantará el Benedictus, un himno de alabanza tras cuyo rezo se colocará un velo de seda blanca sobre el rostro del difunto.
Antes, el celebrante explicará el significado de este signo diciendo:
Dios todopoderoso y eterno, Señor de la vida y de la muerte, esperamos y creemos que la vida de nuestro Papa Francisco ahora está escondida en ti.
Su rostro, del que se ha apagado la luz de este mundo, sea iluminado para siempre por la verdadera luz, que brota de ti, fuente inagotable.
Su rostro, que escrutó tus caminos para mostrarlos a la Iglesia, vea ahora tu rostro paterno.
Su rostro, que se aparta de nuestra vista,
contemple tu belleza y encomiende a ti, eterno Pastor, su grey.
Después se asperjará con agua bendita (símbolo del bautismo que limpia del pecado y abre la vida cristiana) el cuerpo del difunto.
Y se introducirán en el ataúd dos signos:
1. Una bolsa con monedas y medallas (como la que se ponen en las primeras piedras de los edificios). Representan los años y eventos significativos de su pontificado).
2. El tubo que contiene el rógito y que habrán firmado varios de los presentes.
El rogito documenta oficialmente su vida y obra.
Luego se colocará la tapa del ataúd de zinc (Francisco simplificó hace poco la tradición antigua de tres ataúdes uno dentro de otro), sobre la cual estarán:
1. Una cruz,
2. El escudo del Papa fallecido,
3. Una placa con su nombre, duración de su vida y del ministerio petrino.
El ataúd de zinc será soldado y sellado con los sellos del:
1. Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana,
2. Prefectura de la Casa Pontificia,
3. Oficina de Celebraciones Litúrgicas,
4. Capítulo Vaticano.
Representa la protección de su cuerpo y su legado.
También se cerrará el ataúd de madera, en cuya tapa está la cruz y el escudo del Papa.
Se cantará el salmo 41 (“Como la cierva anhela las corrientes de agua, así mi alma te anhela a ti, Dios mío”... Espera en Dios que volverás a alabarlo).
Y luego el salmo 26 ("El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?").
Ambos expresan la esperanza en la resurrección, la sed de Dios y el deseo de contemplar su rostro.
Tras la oración final, se cantará el Regina Coeli.
"Reina del cielo, alégrate...", el gran canto mariano del tiempo pascual, pidiendo la intercesión de María para el Papa difunto.
Y, hasta aquí, el Rito de Chiusura que dejará el féretro dispuesto para la misa exequial que tendrá lugar mañana sábado.