Así lo reveló el informe "Alianzas en la sombra: Potencias autoritarias y el nexo de la guerra híbrida en América Latina", presentado formalmente ante la Casa Blanca por el Centro para el Estudio de la Democracia (CSD, por sus siglas en inglés).
De acuerdo con los analistas Martin Vladimirov, Sara Gálvez y Brendon Zhan, autores del documento, estos regímenes disolvieron deliberadamente la frontera entre la diplomacia legítima y el crimen organizado. Esta "fusión híbrida" les permite avanzar en objetivos de desestabilización política, ciberespionaje y penetración de inteligencia, utilizando la capacidad territorial de las mafias locales para minimizar sus costos diplomáticos.
El reparto de operaciones en territorio mexicano
El informe del CSD detalla cómo cada potencia aprovecha las vulnerabilidades del país de forma estratégica:
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Rusia: Opera en coordinación transaccional con el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), suministrándoles armamento pesado y tecnología de espionaje.
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China: Controla la cadena global de suministro de precursores químicos para la manufactura ilícita de fentanilo y metanfetaminas.
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Irán: Aprovecha la infraestructura delictiva para el contrabando de componentes de doble uso y sistemas informáticos de navegación aérea.
Espionaje ruso e infiltración fronteriza
El análisis pone especial alerta en el despliegue de inteligencia de la Federación Rusa en suelo mexicano. Tras la expulsión masiva de diplomáticos rusos en Europa por la invasión a Ucrania, el Kremlin redirigió sus activos hacia América Latina. Actualmente, México concentra el mayor despliegue global de oficiales del Directorio Principal del Alto Estado Mayor de las Fuerzas Armadas (GRU) y del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR), registrando un incremento neto del 60% en su personal oficial.
Esta infraestructura proporciona cobertura logística a operaciones encubiertas en la frontera norte, utilizando los flujos migratorios masivos como un vector de penetración táctica. El informe señala que, entre 2022 y 2024, ingresaron a México más de 166 mil ciudadanos rusos, de los cuales unos 73 mil intentaron o concretaron el cruce irregular hacia EE. UU. En estos movimientos, agencias de contrainteligencia detectaron al menos a 13 agentes del GRU infiltrados con el objetivo de establecer células de recopilación de información en territorio estadounidense.
Armamento militar y software de espionaje para los cárteles
La alianza entre Moscú y las mafias mexicanas se ha traducido en un fortalecimiento inédito de las capacidades delictivas. Registros de decomisos de las Fuerzas Armadas mexicanas entre 2022 y 2024 revelan que el 60% del armamento pesado incautado a los cárteles es de origen ruso, incluyendo fusiles Kalashnikov de última generación, granadas de fragmentación y sistemas de proyectiles antitanque portátiles.
A esto se suma el desvío hacia el crimen organizado de sistemas rusos avanzados de interceptación de comunicaciones de nivel estatal, conocidos como SORM, y software especializado de ciberespionaje militar, lo que eleva el desafío de seguridad para ambos lados de la frontera.
