Ciudad de México, a martes 7 de abril de 2026.-
En el nivel planetario, la desaparición y no localización de personas en nuestro país es un tema harto conocido y condenado.
Adquirió una mayor visibilidad “en 2014, (con) la desaparición de 43 estudiantes de una escuela normal rural en Ayotzinapa, Guerrero. Y ello hizo evidente al mundo la práctica del delito de desaparición forzada en México. Desde décadas atrás se habían producido acontecimientos similares, lo que devino en una sentencia en 2009 al Estado mexicano por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) en relación con el llamado Caso Rosendo Radilla. Mecanismos de impunidad muy estructurados han impedido evitar o dilucidar resolver estos crímenes”
Lo anterior es el resumen de la investigación Desapariciones forzadas e impunidad en la historia mexicana reciente de los investigadores Silvia Dutrénit Bielous y Gonzalo Varela Petito del Observatorio sobre Desaparición e Impunidad en México del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
Hoy ya no es solo la OEA, el problema ha escalado tanto que ahora ha sido la ONU la que a través del Comité contra la Desaparición Forzada pidió remitir de manera urgente la situación de las desapariciones forzadas en México a la Asamblea General para que esta considere medidas destinadas a apoyar al Estado Parte en la prevención, investigación, castigo y erradicación de este crimen.
Que la información que este Comité ha recibido, señala su comunicado, parece contener indicios fundados de que en México se han cometido y se siguen cometiendo desapariciones forzadas como crímenes de lesa humanidad.
El procedimiento, remarcó la dependencia de la ONU, es de carácter preventivo y busca movilizar la atención y el apoyo internacionales, más no de establecer la responsabilidad penal individual.
Ante ello, el gobiernito que en apariencia encabeza Claudia Sheinbaum rechazó el informe del Comité de Desapariciones Forzadas al acusar que está desactualizado, al referirse a casos que ocurrieron en los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, y carece de rigor jurídico.
Casi todo el territorio mexicano resulta ser una tumba disfrazada. Somos pioneros en las tradiciones salvajes o inciviles que nos ordenan. Sobre todo cuando lo que está en juego son negocios de miles de millones de dólares.
Lo único que no nos gusta es decir la verdad. Queremos ser dueños absolutos de nuestros secretos, como si los demás fueran autistas o idiotas y no supieran lo que hacemos, incluso desde antes de hacerlo.
Aunque sepamos en el fondo que la historia de nuestra violencia está irremisiblemente ligada a los bamboleos de las ambiciones estadounidenses y que, en ese juego, siempre pagamos el pato.
Desgraciadamente para nuestro mutismo ingenuo, el mercado de la amapola negra es tan exclusivo, que sólo existe un puñado de proveedores en el planeta. Afganistán, lrán, Pakistán, Turquía y nosotros, que inundamos el mercado gringo por la excelente “calidad Iguala”.
De todos, sólo los perspicaces turcos tuvieron la visión y la valentía para utilizar los excedentes del opiáceo en liquidar su monstruosa deuda externa, utilizando a la OMS y sus conductos humanitarios. Nosotros fuimos aldeanos y “obedientes”. (información de Índice Político).
