CULIACÁN, SINALOA.– Con 40 años de trayectoria y a las puertas de la 30ª edición del Festival Internacional de Nortíteres, Fernando Mejía, líder de la compañía "Guiñoleros de la UAS", sostiene que el teatro de títeres no es solo un espectáculo infantil, sino una disciplina con un impacto profundo en la salud mental y el tejido social.
Para Mejía, "el títere posee una "magia" capaz de romper barreras que la comunicación humana convencional no logra traspasar, funcionando como un espejo y refugio para el espectador".
Un espejo terapéutico
El maestro destacó que el teatro de títeres es intrínsecamente terapéutico, tanto para quien lo crea como para quien lo observa. En las funciones, los niños proyectan sus realidades, miedos y alegrías en los personajes inanimados.
"El teatro de títeres es mi terapeuta. A través de él puedo desahogar, protestar y decir cosas que normalmente no se dirían. Es una disciplina que exige conocimientos de psicología para entender por qué un niño llora, ríe o demanda atención durante una escena, demanda además mucho compromiso personal y familiar", explicó.
Esta sensibilidad ha permitido que Guiñoleros se adapte a nuevos retos sociales, como la atención a niños con autismo en las escuelas, utilizando el lenguaje del títere para conectar con su mundo de manera respetuosa y creativa.
Formación de nuevos ciudadanos
Más allá del escenario, Mejía ve en cada función una oportunidad para "salvar a las nuevas generacionesa través de la inculcación de valores como la tolerancia, el respeto y la capacidad de juego. El títere, asegura, tiene el poder de denunciar fallas en los servicios públicos o criticar el actuar político, convirtiéndose en un vehículo de conciencia social.
El reto de la profesionalización
A pesar de la aparente sencillez, el director de Guiñoleros enfatizó que ser titiritero exige una capacitación integral que incluye actuación, manejo de voces, pintura, modelado y un estudio constante del desarrollo evolutivo del niño.
Finalmente, al reflexionar sobre su legado tras tres décadas de festival, Mejía espera ser recordado simplemente como un titiritero: "Como un ser humano que luchó por mejorar nuestra sociedad a través del arte".
